Inicio mi reflexión con la siguiente frase de Manuel Castells: “No hay otro remedio que navegar en las encrespadas aguas globales… Por eso es esencial, para esa navegación ineludible y potencialmente creadora, contar con una brújula y un ancla. La brújula: la educación, información, conocimiento, tanto a nivel individual como colectivo. El ancla: nuestras identidades. Saber quiénes somos y de dónde venimos para no perdernos a donde vamos” (Castells: 2001).
Creo que es un excelente punto de partida para hablar acerca de nuestro papel como docentes en este mundo globalizado, en donde la masificación de la información de todo tipo es distribuida por medio de los diversos medios de comunicación y llega a nuestras manos simplemente al acceder a ellos; es decir al acceder a los medios impresos, a la radio, a la Televisión o a la Internet, entre otros; entendiéndose todo esto como aquel vital fluido: el agua. Sin embargo, como lo menciona Castells, navegar no es tarea fácil, es más, día a día es más complejo, suceden acontecimientos que según los intereses de los más poderosos pueden o no reportarse; así como, por los intereses de quienes manejan la información se satura a los diferentes medios con productos de todo tipo: entretenimiento, alimentos, música, ropa, deportivos, aparatos electrónicos, programas de software; lo que impone estilos de vida, parametrizan comportamientos e imponen modas que poco a poco acaban con la identidad cultural y las buenas costumbres de las diferentes culturas de las naciones. Por tanto, para sacarle provecho a toda la información que disponemos y podemos llegar a obtener o generar es esencial la educación y las bases de nuestra identidad cultural.
En este sentido, saber de dónde se viene, reconocer quién se és, y proyectase en lo que se quiere, corresponde a la base fundamental de la identidad de cada individuo y generan un blindaje para poder mantenerse cuerdo y coherente en este ir y venir de la información. Sin embargo, para que cada persona alcance ese nivel de autoconocimiento y autonomía es indispensable la educación.
La educación entendida como pilar de la formación de un ser humano en la sociedad. La cual incluye la educación de casa, de familia, la que forma al ser humano como ser social, la que le imprime los principios y valores y le da las herramientas para formar su autoestima. Pero también se incluye la educación en la escuela, la educación en comunidad; aquella que permite que el individuo interactúe con sus semejantes, comparta, discuta y produzca. De la misma forma, se debe incluir el aprendizaje que se genera cuando el mismo individuo busca y escudriña lo que necesita, lo que desea, lo que le interesa y le permite generar nuevos conocimientos. En este sentido, se entiende que la educación es un proceso que se da a lo largo de la vida de un ser humano, la cual desde sus principios debe estar acompañada de sus padres como primeros educadores, luego con sus maestros como acompañantes del proceso enseñanza aprendizaje y finalmente de él mismo como autodidacta y generador de su propio conocimiento. Así mismo, la educación también es un proceso dinámico que cambia con la historia del ser humano y viceversa, el decir la educación transforma y cambia la historia de ser humano. Y cuando suceden estas transformaciones es cuando la educación cumple su objetivo.
Pero al hablar de educación es necesario incluir los componentes principales de este proceso: el maestro y el alumno. Sin duda alguna, debe haber un ambiente de armonía, una buena relación entre maestro y alumno para que la educación se dé. Esta relación depende principalmente de la motivación de los alumnos al aprendizaje y de cómo el maestro puede motivar e incluir al alumno en este aprendizaje. En este sentido, la labor del maestro es un completo desafío, pues comprende: atrapar el interés de su estudiante, motivarlo y mostrar que lo que se está aprendiendo enriquece su vida. Sin embargo, hoy por hoy el desarrollo tecnológico y las diferentes herramientas de tecnología y comunicaciones que la humanidad ha creado, permiten que el maestro pueda acercarse cada vez más al alumno de una forma asertiva, permite que el maestro y alumno hablen el mismo lenguaje; compartan sus experiencias, sus dudas e inquietudes y sus productos en diferentes entornos. De tal forma que muchas veces sin necesidad de un contacto físico directo el estudiante es capaz de abrir su mente, y basado en su tipo de inteligencia, expresar sus ideas y sentimientos por medio de herramientas de software que facilitan la comunicación; y así mismo tanto el docente como sus compañeros pueden intervenir de una forma constructiva y en comunidad elaborar el aprendizaje.
Finalmente, creo que la educación puede permitir que se realicen transformaciones, pero estas se dan cuando el estudiante aprende según su tipo de inteligencia y su forma de aprender. En este sentido, el rol del docente ha evolucionado de ser un expositor a ser un tutor, un guía que puede orientar al estudiante de forma personalizada a través de las diferentes herramientas TIC, que puede conocer los intereses y necesidades sí las utiliza de una manera adecuada y permiten que ellos intervengan y juntos construyan su conocimiento de una forma respetuosa con su identidad cultural, generando las herramientas para que los individuos de formen como seres autónomos e integrales.
Cibergrafía:
Castells, M. (2001). La cultura de libertad como constitutiva de internet. En Universidad Oberta de Catalunya. (UOC). Recuperado de http://www.uoc.edu/web/esp/launiversidad/inaugural01/cultura.html.
Cibergrafía:
Castells, M. (2001). La cultura de libertad como constitutiva de internet. En Universidad Oberta de Catalunya. (UOC). Recuperado de http://www.uoc.edu/web/esp/launiversidad/inaugural01/cultura.html.






